Aquí están.
Insondables. Perdidos. Rabiosos.
Mounstrosos. Libres. Atados a mi cráneo, a mi piel, a mi rostro.
Están, derritiéndose, desarmándose, muriendo en silencio. Quietos,
con máscara, desintegrándose al desnudo.
Anhelantes, ansiosos, suicidas.
Prometen, se entregan, se lastiman. Se miran sin respuesta.
Recorren un espacio ajeno.
Te imaginan en la ausencia, sos espejismo. Tu reflejo se imprime en sus córneas.
Te aman, te adoran.
Sos luz, en tanto humo sangriento. Sos aire que perciben cual brisa.
Sos el beso que alimenta sus párpados al cerrarse.
Mis ojos.