domingo, 5 de octubre de 2008

Automatizados versos (nocturnos)

Desterrada.

Automatizada pienso miles de palabras, palabras que van talando mis sienes como marchitos árboles de feria. Palabras que son como gusanos carcomiendo mi existencia, absorviendo mis fuerzas al punto en que ya no soy.
En que ya no soy más que el estiércol que rellena las macetas, o el vapor que se funde con la niebla;y no quiero más que la lluvia para deshacerme y llover por los huecos de toda la miseria, rozando las cumbres que se sonrojan al verse desnudas, envueltas en el perfume sedoso de un verano sediento, acuoso, colándose entre besos estrechos,entre manos vacías, manos llenas de aire, manos anhelantes del calor del cuerpo vecino, ajeno a ser suyo, manos tibias buscando fundirse, en un cuerpo poroso, estremecido, vacilante...manos que gritan deseosas, manos que se secan con el viento, viento que desgarra hasta las entrañas arenosas del desierto.
Un desierto que es interno, y que vuelve de arena los cuerpos. Cuerpos arenosos que, agritados, se desprenden amándose, uno con otro.

Y amándose se funden, como filtrandose en las venas.