Hasta la Naturaleza, en aquel mundo, tiene el carácter de una pesadilla; es, como una pesadilla, turbia, densa y viscosa, hecha de barro y de espejismos
viernes, 1 de mayo de 2009
Me dí cuenta de que hace mucho que no escribo.
Quizás porque me pasan tantas cosas que no tengo tiempo ni de recoger en una bolsa
todas las palabras y las cadenas de pensamientos que las cosas me generan.
No puedo controlar mis emociones.
Quiero cosas que no tengo y por las que sufro. Como todo el mundo.
Por supuesto que a todos nos gusta soñar.
Yo, yo sueño mucho. Sueño demasiado y eso me mantiene viva.
Porque tengo agua, los sueños son agua.
Sin agua no crecen las plantas ni aflora la primavera,
ni nieva bellamente en invierno.
Y salgo a la calle, y me siento tan afectada por tantas cosas,
y a su vez me doy cuenta de que estoy en la vereda con baldozas corridas,
caminando bajo los árboles de tronco oscuro cubierto de hojas amarillas y débiles,
que llenan de belleza mi vida y me consuela.
Es como que las personas todas perciben las cosas de forma distinta.
Casi nunca nos encontramos realmente...simplemente nos rozamos como las hojas que hacen carrera para morir en el piso aplastadas por algún distraído.
No sabemos que significan las lágrimas del otro.
Y es que ese otro está perdiendo su agua. Está perdiendo sus sueños,
Yo espero no perder mis sueños, no perder mi agua. Aunque a veces siento que me voy derritiendo y que nada puede salvarme.
Me gustaría ser una ballena blanca y nadar, nadar mucho, nadar toda mi vida,
en el silencio abandonado y celestial del océano, con su fuerza,
es como un gran abrazo azul,
un abrazo calizo, y cantar, y que otras ballenas me canten al oído, desde miles de kilómetros de distancia, cantos que atraviesen el mundo, y lleguen a mis oidos.
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